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Co-regulación y autorregulación: cómo aprendemos a calmarnos a través de los demás

Foto del escritor: Esther Bogajo
Esther Bogajo
hace 11 minutos
3 min de lectura


Hay momentos en los que nuestras emociones parecen desbordarnos. El cuerpo se activa, la mente se acelera y resulta difícil recuperar la calma por nuestra cuenta. En esos momentos, muchas personas se preguntan: ¿por qué me cuesta tanto regularme?


Desde una mirada integradora de la psicología, entendemos que la capacidad de autorregular nuestras emociones no aparece de la nada. En realidad, se desarrolla primero a través de la relación con otras personas. Antes de aprender a calmarnos solos, necesitamos haber experimentado la co-regulación.


Comprender la relación entre co-regulación y autorregulación puede ayudarnos a entender mejor nuestras reacciones emocionales, especialmente cuando han existido experiencias de apego inseguro o trauma.



Qué es la co-regulación?


La co-regulación ocurre cuando otra persona nos ayuda a regular nuestro estado emocional o fisiológico. Esto sucede a través de gestos sencillos pero profundamente significativos: una mirada calmada, una voz tranquila, un abrazo o la sensación de que alguien está presente y disponible.


En la infancia, esta experiencia es fundamental. Cuando un bebé llora, todavía no tiene la capacidad de calmarse por sí mismo. Necesita que un adulto lo sostenga, lo meza, le hable o simplemente permanezca a su lado.


A través de estas interacciones repetidas, el sistema nervioso del niño va aprendiendo cómo volver a un estado de calma.


Desde la teoría del apego sabemos que estas experiencias tempranas ayudan a construir una sensación interna de seguridad.


Con el tiempo, esa regulación externa se va interiorizando. Es decir, la forma en que otros nos han ayudado a calmarnos se convierte poco a poco en recursos internos de autorregulación.


Qué es la autorregulación emocional


La autorregulación es la capacidad de reconocer, sostener y gestionar nuestras emociones de una manera que no nos desborde.


Esto no significa no sentir emociones intensas. Más bien implica poder:

  • reconocer lo que sentimos

  • permanecer presentes con la emoción

  • encontrar formas saludables de atravesarla


La autorregulación es una habilidad que se construye gradualmente a lo largo de nuestras experiencias relacionales.


Cuando una persona ha tenido vínculos suficientemente seguros, suele desarrollar una mayor capacidad para volver al equilibrio emocional después de momentos de activación intensa.


Cuando la co-regulación ha faltado


No todas las personas han tenido experiencias consistentes de co-regulación durante la infancia. En contextos donde ha habido inseguridad, negligencia emocional o experiencias traumáticas, el sistema nervioso puede haber aprendido que el mundo no siempre es un lugar seguro.


En estos casos pueden aparecer dificultades como:

  • sentirse fácilmente sobrepasado por las emociones

  • experimentar ansiedad intensa

  • tener dificultades para calmarse

  • sentirse solo incluso estando acompañado


Desde una perspectiva informada en trauma, estas respuestas no se interpretan como fallos personales, sino como adaptaciones del sistema nervioso a experiencias pasadas.

El cuerpo aprendió a protegerse de la mejor forma que pudo.






La regulación emocional también es relacional


Un aspecto importante que a menudo olvidamos es que los seres humanos seguimos necesitando co-regulación a lo largo de toda la vida.


Aunque desarrollemos habilidades de autorregulación, nuestro sistema nervioso continúa respondiendo a la presencia de otros. Una conversación con alguien que nos escucha, un gesto de apoyo o simplemente sentirnos comprendidos pueden ayudar a que nuestro organismo vuelva gradualmente a la calma.


Esto no significa dependencia. Significa reconocer algo profundamente humano: la regulación emocional también ocurre en relación.



Integrar co-regulación y autorregulación


Desde una mirada integradora, el objetivo no es elegir entre co-regulación o autorregulación, sino aprender a integrar ambas.


Algunas formas de cultivar este equilibrio pueden ser:


Buscar relaciones seguras

Rodearnos de personas que puedan ofrecer escucha, presencia y comprensión puede favorecer experiencias reparadoras para el sistema nervioso.


Desarrollar recursos internos

Con el tiempo también podemos aprender herramientas que nos ayuden a regularnos, como conectar con el cuerpo, identificar nuestras emociones o crear espacios de pausa.


Comprender nuestra historia de apego

Explorar cómo hemos aprendido a relacionarnos con nuestras emociones puede abrir la puerta a nuevas formas de cuidado interno y regulación emocional.




Un proceso que ocurre en relación


Muchas personas creen que deberían poder manejar todo por sí mismas. Sin embargo, desde la psicología del apego sabemos que la capacidad de autorregularnos nace de haber sido regulados por otros.


Por eso, cuando sentimos que nuestras emociones nos desbordan, no necesariamente significa que haya algo mal en nosotros. A veces simplemente indica que nuestro sistema nervioso necesita más experiencias de seguridad, conexión y apoyo.


La buena noticia es que el sistema nervioso sigue siendo plástico a lo largo de la vida. Nuevas experiencias de relación, presencia y comprensión pueden ayudarnos a construir gradualmente formas más estables de regulación emocional.



 
 
 

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